sábado, 20 de noviembre de 2010

La Cruzada

" Aquel día marcó el fin del camino y un nuevo comienzo "

Estos han sido días infernales. Peor. El mismo demonio parecía mandarnos trabajo, problemas, enfermedades y complicaciones. Sí, quizás nos merecíamos todo eso; pero ya no va a ser así.

Hoy hemos decidido de nuevo. La gente no estaba muy satisfecha con el nuevo vasallaje propuesto por el Temple. Había momentos donde la gente incluso no defendía "sus" tierras, ya que si les pertenece a ellos, que los defiendan si quieren. Los lanceros ardían de furia, los arqueros sacaban punta a sus flechas y los caballeros miraban apesadumbrados por la situación. Los muchachos sabían que aquello era puro trámite, es más, que incluso si entraran aquellas personas regentes en nuestras tierras, quizás fueran las tierras que pisaran. La lealtad nunca existió.

Fue unánime y rápido. Casi perfecto. Levantamos todo, cogimos nuestros víveres y nos marchamos. Felices, emprendimos el largo viaje hacia el desierto. Ya no habría más maldad de nuestro Dios. La penitencia terminó y nos brindó una solución. Con el grito de ¡ San Juan Vence ! y ¡ Deus Vult ! partimos. Era de noche aún y todos nosotros nos unimos a unas caravanas con destino a Tiro, para saber si podríamos hacer algo productivo.

Cuando íbamos a mitad del camino, un montón de antorchas iluminaron la cima. ¡ Sarracenos ! fue el primer grito. Pero pronto se supo que no. Traían con ellos un gran crucifijo de madera. Todos habían enardecido mirando aquella bella cruz, perfectamente tallada. Venía gente de occidente, incluso un montón de francos con gruesos caballos. Les saludamos y aconsejé a los caballeros:

" Cambiad los caballos hermanos, esos parecen corceles muy gruesos. "

El más alto de todos se sonrió y me intentó atacar:

"¿ Qué sabrá un pobre luchador de San Juan ? La temple os puede y los Europeos podemos con la temple. "

Me di Media vuelta y fui a donde mis hombres. Expuse nuestra posición y ellos aceptaron seguir a la cruz: aún con mala gente, estaríamos bien pertrechados y la próxima ciudad seguramente fuera para nosotros. ¡ Hurra ! Dijeron mis hombres. Miré al horizonte. No estaba seguro de haber hechi ki correcto. Perfectísimo. Una vez más en dudas. Un puñado de nosotros con una incontable saga de ladrones, saqueadores, violadores, rudianes, etc. luchando en nombre de Dios. ¡ Oh Señor ! Sólo tú podías haber hecho esto, y los dos sabemos el desenlace a largo plazo. Me diste la luz suficiente para poder interpretar lo oscuro. ¡ Deus Vult !

lunes, 15 de noviembre de 2010

Después del desierto ...

"... Al séptimo día Dios descansó ... "

¡Oh Dios! Ya era hora. Al final os puedo contar algo tranquilamente. La batalla no ha sido dura, pero la estrategia para prepararla nos llevó infinidad de tiempo. Tantas noches replegándonos para al fin poder plantar cara y hacer de este trozo de tierra, la más gloriosa y bella.

Hemos sido casi destituídos. No volvemos a Tiro. Las huestes sufrían de tristeza, echaban de menos a todo aquello que les unían. Pero entonces tuve que hablarles francamente:

" Señores. Hijos y sirvientes de Dios, luchadores feroces y leales compañeros. Olvidemos aquellas Tierras, nunca serán para nosotros. Los templarios nos detestan, los mandamases de San Juan nos dejan más olvidados que un niño a la vieja pelota. Uníos a mi causa. Siempre fiel a la vieja guardia. Sin ningún día de tachón en la vida. Jamás libre de pecado, pero siempre justo y clarividente. Dejarme de oír y escuchadme como nunca lo hicisteis, con toda la atención. Mi ejército no tiene bandera a día de hoy, debemos luchar por nosotros, nadie nos dará de comer ni tan siquiera podremos descansar. Eso sí, hasta el fin, tal y como lo juramos, llevaremos el nombre de San Juan."

El más joven de todos se arrodilló y comenzó a llorar. No podía dejar esa ciudad que tan bien le fue.. nadie le podía consolar: sin hermanos, ni padres ni su amor.

Retomé la palabra:
" A veces, soy un incomprendido, pero hoy muchachos, haré historia. Ven a mi joven. Lloras por ellos. No me mires así, llorar es humano y mírame: mis ojos también están vidriosos. Es la hora. Nuestros corazones han sufrido mucho. O Tiro cambia y con él nuestra vieja Orden, o deberemos luchar por nosotros. 3 cosas os pediré: primera. Os podéis marchar, pero no lo haréis, porque seríais picadillo para Saladino. Segundo. Nos sobra el valor. Somos hijos de la adversidad. Tercero. Aguantaremos por los desiertos, somos astutos, fuertes y lo más importante: insuperables. Por Dios, por el viejo San Juan y por nosotros. "

Los gritos de júbilo hicieron mella. El ejército musulman desplegado tembló cual hoja en otoño. Pararon el avance. Nosotros cogimos nuestras armas. Sabía que nos ganaban por mucho, pero no podía decir a mis hombres nada. Al fin, todos nos reuniríamos con Dios.

Ellos lanzaron todo su potencial. Aquello era como si fuera un cólera. Embistieron contra nosotros y los lanceros hicieron gran daño en su caballería. Yo cabalgaba de lado a lado dando ánimos y haciendo que fueran creyéndose la victoria. Mientras a lo lejos un pendón hondeaba. No supe distinguir, pero luchabamos más férreamente. Saladino salió cabalgando hacia el sur. Nosotros entonces arrollamos con fuerza a su numeroso ejército. En mal augurio, su élite cargó contra mi. Pude con uno, dos, tres... me tiraron del caballo y cuando el cuarto me iba a asestar un certero golpe, un soberbio caballo blanco apareció y le cortó el cuello a aquel buen guerrero.

Mis hombres, cansados, abatidos y magullados suspiraron cuando me vieron caminar de nuevo, erguido y firme. Le miré a aquellos soldados. Era mi peor pesadilla: la Temple nos había dado la victoria cuando lo teníamos todo ganado. Su jefe, que nunca se quitó el casco y su voz parecía afeminada, incluso algo menuda para un caballero, fue claro:

" Si os unís, no seréis jamás como yo, pero, visto lo visto no rechazaréis si os ofrezco el puesto de escudero ".

Claro. En la tercera fila siempre. Jé. Pues sí. Eso nos ofrecían aquellos, más tierras, más algún regalo cuando se les ocurriera. Tras meditarlo y hablarlo con mis hombres, mi contestación fue recia:

" Aceptamos. Pero eso me demuestra que me necesitáis, poco, pero me queréis que esté cerca".

Aquel hombré no se mordió la lengua:

"Hablaremos tú y yo. Es más, "soldaditos" altos, gruesos y salvajes, me sobran..."

Esas palabras me pusieron en mi sitio. Quería que fuera así, ahora pertenecía a la majestuosa orden y estarían cerca. ¿ Tercera fila ? Me da igual, como si les tengo que llevar agua. A su lado se puede luchar con mejores enemigos. Pero a mis muchachos la ilusión les devolví: ya nada nos podrá ganar. Deus vult... Dios, alúmbranos y si puede ser, no me dejes tan al borde...

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Un único camino ...

... " Hoy es un gran día para vivir, o para morir " ...

Después de estar en Tiro, he tenido que hacer muchas operaciones. Difícil ha sido, seguirá siendo y al final un futuro incierto me tocará. Ayer cuando estaba observando desde las murallas, vi un montón de luces, rápidos y veloces. Llamé a los guardias y pronto estuvimos dispuestos para hacer frente a aquellos jinetes tan rápidos. Era el encargado de la defensa de la ciudad, algo muy inusual para un apátrida.

No ocurrió nada. Los arqueros hicieron trizas a todas sus líneas y huyeron. Creo que eran simples esclavos para hacernos un aviso de lo que viene. Saladino y sus muchachos andan merodeando las cercanías y los mercaderes me han dado a entender que moverán ficha.

Yo me marcho de esa ciudad. Tan simple como eso, tan conciso como que quiero ir al Krak de los Caballeros. Con el Temple... pero se que ellos me rechazarán... y Saladino está allí. No dispongo suficientes hombres para poder terminar con él. La Temple tiene más que de sobra, sólo me haría falta unos cuantos caballeros, unos lanceros bien pertrechados y algo de ganas. Sí, se lo que me dirán: " Nos rechazastéis. No os queremos ni en pintura.". Bien, hasta ahí todo tengo perdido, algo peor no podría suceder.

Si consigo apoyo durante tiempo limitado, serviré fielmente a la causa de la Temple. Sí, no será el final de Saladino inmediato pero si que ocurrirá. Un gran guerrero os habla. Nada más que ofrecer. Sólo un acto de FE. Unas manos duras, una cabeza fría, un corazón de hierro y el deseo de un futuro diferente. Es el momento. O ahora, o sólo seré un lobo en busca de otra manada.

Deus Vult ...

jueves, 4 de noviembre de 2010

Bienvenidos a Tiro...

"... ¿ Qué queréis escuchas compañeros ? Esto es Tierra Santa. No siempre se gana. Y menos si Saladino está cerca ..."

Malditas tierras del desierto. Aquí en Tiro poco podemos contar. La gente mira pero no ve. No se fija ni tan siquiera. ¿ Por qué tan ciegos ? Una única respuesta lo es todo: estamos hartos de estar con vosotros, queremos ir con gente nueva. Grave error. La vieja guardia hemos sido siempre leales a la causa, en ni una batalla hemos dado el brazo a torcer. Seguimos en pie desde el primer momento, mejor dicho, desde que se nos ordenó cuidar de los enfermos, de los peregrinos y mantener los caminos a raya. Poco... muy poco recibimos a cambio...

¿ Qué decir sobre mi tribunal con los Templarios ? mejor nada... entiendo su enfado o que se fueran. Tienen más que todo el derecho a hacer lo que han hecho. Mal decidido por mi. Demasiado rápido... cuando me puede algo, lo quito por delante. Esta vez quizá sea mi cruz más grande... y aún me encantaría poder acceder a ellos, pedir otra vez que me dejaran más tiempo... incluso cuando los míos me dicen que los aborrezca; pero yo nunca los rechazaré ni diré ninguna mala palabra de ellos. Jamás. Se merecen todo mi respeto, me entendieron y me dieron la oportunidad... como poder pedir a Dios que vuelvan... cosas más difíciles he hecho... Padre... DEUS VULT...

Las arenas del desierto son tan amargas que algunas veces llegan a ser incluso deseosas. Hoy no. Estoy condenado a luchar en el mismo bando, en cualquier lugar, errante por cualquier camino. Quién quiera, que venga conmigo. Quién me quiera dar cobijo, tendrá mi admiración, mi cariño, mi amistad y mi amor ...