" Aquel día marcó el fin del camino y un nuevo comienzo "
Estos han sido días infernales. Peor. El mismo demonio parecía mandarnos trabajo, problemas, enfermedades y complicaciones. Sí, quizás nos merecíamos todo eso; pero ya no va a ser así.
Hoy hemos decidido de nuevo. La gente no estaba muy satisfecha con el nuevo vasallaje propuesto por el Temple. Había momentos donde la gente incluso no defendía "sus" tierras, ya que si les pertenece a ellos, que los defiendan si quieren. Los lanceros ardían de furia, los arqueros sacaban punta a sus flechas y los caballeros miraban apesadumbrados por la situación. Los muchachos sabían que aquello era puro trámite, es más, que incluso si entraran aquellas personas regentes en nuestras tierras, quizás fueran las tierras que pisaran. La lealtad nunca existió.
Fue unánime y rápido. Casi perfecto. Levantamos todo, cogimos nuestros víveres y nos marchamos. Felices, emprendimos el largo viaje hacia el desierto. Ya no habría más maldad de nuestro Dios. La penitencia terminó y nos brindó una solución. Con el grito de ¡ San Juan Vence ! y ¡ Deus Vult ! partimos. Era de noche aún y todos nosotros nos unimos a unas caravanas con destino a Tiro, para saber si podríamos hacer algo productivo.
Cuando íbamos a mitad del camino, un montón de antorchas iluminaron la cima. ¡ Sarracenos ! fue el primer grito. Pero pronto se supo que no. Traían con ellos un gran crucifijo de madera. Todos habían enardecido mirando aquella bella cruz, perfectamente tallada. Venía gente de occidente, incluso un montón de francos con gruesos caballos. Les saludamos y aconsejé a los caballeros:
" Cambiad los caballos hermanos, esos parecen corceles muy gruesos. "
El más alto de todos se sonrió y me intentó atacar:
"¿ Qué sabrá un pobre luchador de San Juan ? La temple os puede y los Europeos podemos con la temple. "
Me di Media vuelta y fui a donde mis hombres. Expuse nuestra posición y ellos aceptaron seguir a la cruz: aún con mala gente, estaríamos bien pertrechados y la próxima ciudad seguramente fuera para nosotros. ¡ Hurra ! Dijeron mis hombres. Miré al horizonte. No estaba seguro de haber hechi ki correcto. Perfectísimo. Una vez más en dudas. Un puñado de nosotros con una incontable saga de ladrones, saqueadores, violadores, rudianes, etc. luchando en nombre de Dios. ¡ Oh Señor ! Sólo tú podías haber hecho esto, y los dos sabemos el desenlace a largo plazo. Me diste la luz suficiente para poder interpretar lo oscuro. ¡ Deus Vult !
Estos han sido días infernales. Peor. El mismo demonio parecía mandarnos trabajo, problemas, enfermedades y complicaciones. Sí, quizás nos merecíamos todo eso; pero ya no va a ser así.
Hoy hemos decidido de nuevo. La gente no estaba muy satisfecha con el nuevo vasallaje propuesto por el Temple. Había momentos donde la gente incluso no defendía "sus" tierras, ya que si les pertenece a ellos, que los defiendan si quieren. Los lanceros ardían de furia, los arqueros sacaban punta a sus flechas y los caballeros miraban apesadumbrados por la situación. Los muchachos sabían que aquello era puro trámite, es más, que incluso si entraran aquellas personas regentes en nuestras tierras, quizás fueran las tierras que pisaran. La lealtad nunca existió.
Fue unánime y rápido. Casi perfecto. Levantamos todo, cogimos nuestros víveres y nos marchamos. Felices, emprendimos el largo viaje hacia el desierto. Ya no habría más maldad de nuestro Dios. La penitencia terminó y nos brindó una solución. Con el grito de ¡ San Juan Vence ! y ¡ Deus Vult ! partimos. Era de noche aún y todos nosotros nos unimos a unas caravanas con destino a Tiro, para saber si podríamos hacer algo productivo.
Cuando íbamos a mitad del camino, un montón de antorchas iluminaron la cima. ¡ Sarracenos ! fue el primer grito. Pero pronto se supo que no. Traían con ellos un gran crucifijo de madera. Todos habían enardecido mirando aquella bella cruz, perfectamente tallada. Venía gente de occidente, incluso un montón de francos con gruesos caballos. Les saludamos y aconsejé a los caballeros:
" Cambiad los caballos hermanos, esos parecen corceles muy gruesos. "
El más alto de todos se sonrió y me intentó atacar:
"¿ Qué sabrá un pobre luchador de San Juan ? La temple os puede y los Europeos podemos con la temple. "
Me di Media vuelta y fui a donde mis hombres. Expuse nuestra posición y ellos aceptaron seguir a la cruz: aún con mala gente, estaríamos bien pertrechados y la próxima ciudad seguramente fuera para nosotros. ¡ Hurra ! Dijeron mis hombres. Miré al horizonte. No estaba seguro de haber hechi ki correcto. Perfectísimo. Una vez más en dudas. Un puñado de nosotros con una incontable saga de ladrones, saqueadores, violadores, rudianes, etc. luchando en nombre de Dios. ¡ Oh Señor ! Sólo tú podías haber hecho esto, y los dos sabemos el desenlace a largo plazo. Me diste la luz suficiente para poder interpretar lo oscuro. ¡ Deus Vult !