Aparecieron allí la mano derecha del conde y la escolta. Venían orgullosos y con afán de victoria. Nada más descabalgar, llegaron a la plaza central diciendo: " El conde de Edessa os ordena que de aquí en adelante este fortín será de sus pertenencias. Se os dejará a vosotros pero sin soberanía alguna. Esto debéis hacer antes de la próxima luna llena, sino... se que eso no ocurrirá ". Nada más teminar aparecieron de las murallas tantas ballestas y arcos como granos de arena en el desierto. Un espía les había informado antes. Salío el Maestre y les ordenó: " Id de aquí o si no ... no viviréis para escribir lo ocurrido ". Entonces, un centinela avisó:
- ¡¡¡ Sarracenos !!! Formación piramidal... jamás había visto tantos soldados...
Los de Edessa partieron a toda prisa, mientras los hospitalarios miraban atónitos aquel grueso innumerable. Mientras ellos se armaban y llamaban a los hermanos que vivían en el arrabal, los más ágiles caballeros moros cambiaron de rumbo e hicieron añicos a la guardia del conde. Llegaron ante el portón de Acre. El jefe de la contienda y su guardia se apresuraron; lo mismo hacian los monjes.
- Dios esté con vosotros. ¿ Por qué venis a por Acre ?
- Los siervos de Alá os saludan. Porque el gran Sultán quiere para sus dominios.
- ¡ No ! Sabéis que aquí desembarcan muchos peregrinos ... ¿ No podemos negociar ?
- Conozco al Temple. Ellos dijeron lo mismo y nos arrasaron muchas plazas...
- ¡ Por vuestro dios... ! No nos entregaremos...
- Entonces... la batalla hará justicia.
Después termina la historia. Pero mi pregunta es esta: ¿ Merecería la pena dar la vida por una ciudad que ni tan siquiera sería de ellos en un futuro ? Es un enigma. Difícil. Yo creo que se debería de dar todo lo que se tiene por aquello que se ama, se quiere o se aprecia. Muchas veces, las batallas están perdidas antes de empezar... pero si no hay muerte... hay esperanza... y si de las derrotas se aprende... la próxima plaza fortificada, lo cuidarás mejor... hasta hacer de él infranqueable... Para eso, hace falta tres cosas: confianza en sí mismo, amor por lo que se defiende y recta intención. ¿ Lo de más ? La historia os hará saber...
